
Durante su trayecto se cruzó con infinidad de naves y personajes, vislumbró diversos puertos y en algunos de ellos atraco y permaneció amarrado durante un tiempo hasta que arrío las velas y se hizo a la mar de nuevo, en su ruta coincidió con diferentes gentes que en ocasiones le acompañaban en su recorrido, hasta que cada uno retomaba su dirección y se tenían que separar, oteó sirenas y tiburones, delfines y gaviotas, nubes y claros, días y noches, atravesó nieblas y disfrutó de cálidos veranos, escurrieron volutas de espumas bravas por sus húmedos cabos y evaporó innumerables dulces gotas de lluvia en su blanca escalinata.
Atravesó el océano del amor y después de varias tempestades donde estuvo a punto de zozobrar, consiguió dominar la situación y manteniendo firme el rumbo con su timón de hueso y nácar, armado solo con su empuje y los últimos resquicios de fuerza y valor que le quedaba, pudo sobreponerse, consiguió superar las inclemencias y se adentró en la bahía de la tranquilidad donde sobre un fondo de plata y turquesa recorría aquel espejo acuoso manteniendo un rumbo nítido y perfectamente definido.
Consiguió aprender de la escuela de la vida las lecciones y enseñanzas impartidas, que cada jornada en su cuaderno de bitácora habían ido plasmando su diario vagar con la pluma del ave fénix que había recogido del rojizo cielo, un amanecer de tantos renaceres desde lo alto de su mástil mayor, con las velas arriadas y sintiendo el viento en la popa, el barco enfiló su proa y avanzó hacia su destino con la ruta perfectamente trazada y marcada en el diario de a bordo, la brújula de la vida por fin marcaba el norte y hacia allí se dirigía para poder al fin arribar al puerto del descanso, donde un amarre seguro le esperaba para terminar allí sus ultimas horas de existencia, aquel fuselaje había soportado las peores tormentas y oleajes en un mar embravecido y con rutilantes luces, había cumplido su sueño, llegó a puerto sin haberse hundido en su dilatada navegación.
Con esto me quedo y con esto acabo, sin tinta para seguir escribiendo, sin pluma para expresarme, pero con la satisfacción del deber cumplido y el corazón henchido, me sumerjo en los fondos marinos para iniciar el descenso mas importante de mi vida, hacia el infinito pongo otra vez rumbo, nada ni nadie se interpondrá en mi última ruta, en mi último crucero.










