
Se acabó el verano y llegó el otoño, los rayos de sol se mezclan con gotas de lluvia, las gaviotas ceden el paso a las oscuras golondrinas, los colores cambian y las luces alternan matices e intensidades, un nuevo ciclo pasa y otro llega, es ley de vida, es nuestra intransigente mamá naturaleza, impasible y constante sigue su curso sin mirar hacia los costados, todo funciona según lo establecido desde los tiempos mas ancestrales, desde que el mundo es mundo, la máquina continua marcando los segundos de la historia.
El periodo estival es pasado y como tal lo veo, ha sido un verano especial y distinto, lleno de sensaciones y momentos de todo tipo, hasta aquí podría decir que otro más, pero puedo dar constancia que no ha sido como otros, tras muchos cambios en mi rutinaria vida, en este me ha permitido conocer muchas almas, que como yo andan buscando compañía y rehúyen de la soledad, he asistido a eventos y actividades como hacia mucho tiempo no hacia, he recorrido carreteras, visitado lugares nuevos, estrechado desconocidas manos y besado rostros en infinidad de sitios y a distintas horas, un extraño y agradable ir y venir de personas con las que he compartido mi tiempo y mis sentimientos, mi persona y mis sentidos, mi cuerpo y mi alma, me he sentido acompañado y otras veces solo, rodeado de cuerpos, pero a veces sin nadie en la inmensidad de las multitudes, una extraña paradoja que me persigue y me visita desde hace tiempo, necesidad de soledad pero amante de la compañia, permanentes contraposiciones que me acunan desde pequeño.
En estos momentos pienso y recuerdo momentos inolvidables y mi memoria esta llena de colores y percepciones de las que archivo estupendas estampas, como si de un fotógrafo se tratara, guardo mi carrete del verano y después de revelar la infinidad de fotografías que he hecho, puedo decir elevando los brazos y los ojos hacia el cielo, que tengo fotos para presentarme al mejor concurso de la vida, que tengo fotos de retratos, de grupos, de paisajes, primeros planos y bodegones, tengo fotos aéreas y de desnudos, una variedad inmensa de planos de los que siento plena satisfacción, que llenan mi mochila de retazos de la vida, de los que siempre guardaré esos instantes y recuerdos que se disuelven en mi memoria como si fuesen volutas de humo que asciende hasta el cielo de mis recuerdos, porque todo esto son ya eso, solo recuerdos, solo sueños, sueños de unas noches de verano.
El periodo estival es pasado y como tal lo veo, ha sido un verano especial y distinto, lleno de sensaciones y momentos de todo tipo, hasta aquí podría decir que otro más, pero puedo dar constancia que no ha sido como otros, tras muchos cambios en mi rutinaria vida, en este me ha permitido conocer muchas almas, que como yo andan buscando compañía y rehúyen de la soledad, he asistido a eventos y actividades como hacia mucho tiempo no hacia, he recorrido carreteras, visitado lugares nuevos, estrechado desconocidas manos y besado rostros en infinidad de sitios y a distintas horas, un extraño y agradable ir y venir de personas con las que he compartido mi tiempo y mis sentimientos, mi persona y mis sentidos, mi cuerpo y mi alma, me he sentido acompañado y otras veces solo, rodeado de cuerpos, pero a veces sin nadie en la inmensidad de las multitudes, una extraña paradoja que me persigue y me visita desde hace tiempo, necesidad de soledad pero amante de la compañia, permanentes contraposiciones que me acunan desde pequeño.
En estos momentos pienso y recuerdo momentos inolvidables y mi memoria esta llena de colores y percepciones de las que archivo estupendas estampas, como si de un fotógrafo se tratara, guardo mi carrete del verano y después de revelar la infinidad de fotografías que he hecho, puedo decir elevando los brazos y los ojos hacia el cielo, que tengo fotos para presentarme al mejor concurso de la vida, que tengo fotos de retratos, de grupos, de paisajes, primeros planos y bodegones, tengo fotos aéreas y de desnudos, una variedad inmensa de planos de los que siento plena satisfacción, que llenan mi mochila de retazos de la vida, de los que siempre guardaré esos instantes y recuerdos que se disuelven en mi memoria como si fuesen volutas de humo que asciende hasta el cielo de mis recuerdos, porque todo esto son ya eso, solo recuerdos, solo sueños, sueños de unas noches de verano.

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